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A corazón abierto

Se ha cumplido ya el primer año de gobierno de la morenista Marina del Pilar Ávila Olmeda. Para algunos, sus simpatizantes y seguidores, pudiera parecer poco tiempo y muchos resultados, pero para sus opositores y críticos, doce meses tal vez son demasiados días y mínimos o nulos avances. Ya se siente la transformación, aseguran los primeros. Ya deberían verse y sentirse los cambios y acciones del nuevo gobierno, sostienen los segundos.

En lo personal, considero que exigirle a cualquier gobernante haber resuelto los principales problemas que han aquejado y aquejan a los bajacalifornianos en ese lapso, sería injusto, inapropiado y fuera de lugar. Si se deben, en cambio, revisar los avances, evaluar las estrategias, analizar al equipo y visualizar hacia dónde nos lleva la actual administración. Sí se puede, señalar errores y omisiones y proponer posibles soluciones.

Sin embargo, de avances poco podemos hablar. Hasta el momento, la máxima obra en la que el Gobierno del Estado ha invertido una buena cantidad de recursos propios es en la “remodelación” del llamado Centro Histórico de Mexicali. Ha habido continuidad en algunas otras y eso sí, en los últimos días, previo al primer informe, se soltó una diarrea de anuncios sobre pavimentación, trenes elevados, parques recreativos, etcétera. Todo a futuro mediato y a largo plazo. Las grandes obras siguen en planes y proyectos. Puro blof, mucha producción y parafernalia. Las acciones no se ven, pero el corazón está por todos lados.

La realidad es que no hay acciones de repavimentación inmediata para arreglar las destrozadas e intransitables calles y avenidas de las ciudades de Baja California. Las ciudades de Baja California siguen sin recibir recursos de la Federación y los ayuntamientos le apuestan a los que se reciban del programa de regularización de vehículos “chocolates”. Pero sólo se presumen cifras de avances, sin que los recursos lleguen y menos se apliquen.

Se presumen también magnas obras que vendrían a resolver los problemas de movilidad en Mexicali, Tijuana y Ensenada, especialmente. Pero a penas comienzan con la movilización del equipo y en algunos casos de montones de tierra que van y vienen. Van para largo. Siguen las reuniones, firmas y presentaciones…con más corazones.

En materia de seguridad, las estadísticas rebasan lo alarmante. Seguimos ocupando los primeros lugares y la presencia de la delincuencia organizada es inocultable. La guerra entre los cárteles por las plazas ha vestido de luto a miles de familias. Son cientos los desaparecidos y la justicia sigue durmiendo el sueño de los justos. Los feminicidios aumentan…con el corazón estrujado.

Los cuerpos policiacos, tanto estatales como municipales, siguen abandonados y sus esfuerzos minimizados. Le apuestan, por instrucción presidencial, a la presencia de la Guardia Nacional, al Ejército y la Marina, sin considerar la necesidad de apoyar con equipo, armamento y vehículos a los primeros respondientes. Los quieren desaparecer. Los matan de inanición presupuestal. Eso sí, tomados de la mano pero con el corazón por delante.

La transparencia es otra deuda pendiente. Obtener información directa de los funcionarios es imposible. La instrucción es clara y directa. No se atiende a medios. Todo a través de transparencia. Pero Transparencia no tiene información, la niega, la pospone y la vuelve a posponer. Las páginas web son opacas. Y los contratos directos abundan, los beneficiados son los mismos que “históricamente” se han favorecido, las adjudicaciones “a modo” y los nuevos “empresarios” firman contratos por millones de pesos. También, con el corazoncito a un lado.

En resumen: En un año Baja California no registra avances importantes. Muchas firmas, proyectos y planes. Muchas mesas de análisis que más que soluciones provocan parálisis. Mucha, muchísima propaganda oficial con mensajes falsos, mal redactados, tendenciosos, repetitivos, cargados de oficialismo y cultos a la personalidad. Gastos excesivos, estos sí históricos, en publicidad personal e institucional. Fue un primer año de confianza, pero la percepción favorable comienza a bajar. Es tiempo de una revisión a fondo, antes de que se requiera la cirugía mayor, de esas que llaman una operación a corazón abierto

PD.- Rabioso, amparándose en la ceguera popular y el apoyo de gobernadores, legisladores y alcaldes morenistas, López Obrador sigue insultando y dividiendo el país. Es tiempo de pararlo y hay que comenzar este domingo. #ELINENOSETOCA

*El autor es periodista con 45 años de experiencia, licenciado en periodismo, asesor en comunicación y marketing político, consultor de medios

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